Se le enamorando de mí

¿Porque me siento así?

2020.03.18 14:36 steveenvg99 ¿Porque me siento así?

Para explicarme bien, contare la historia desde sus inicios.
Sucede que hace 2 años atrás tuve una novia, a la cual nunca consideré ni quize. Ella se enamoró locamente de mi aunque la trataba mal, yo termine cortando la relación muchas veces y ella siempre quería volver. Despues de un tiempo conoci a una chica y terminé abandonando a mi novia por ella.
Hice que mi ex sufriera mucho y no me importó en lo absoluto. Con la chica que en ese momento comencé a andar, era alguien que estaba pasando por un tipo de depresión y no me trataba para nada bien, a las tres semanas ella me corta y esta vez quien quedo ilusionado fui yo.

Tiempo después, conocí a otra chica a la que llamaré Jessica. Ambos hicimos clic cuando hablamos por primera vez, la empecé a conocer durante semanas. En ese transcurso, despues de 1 mes me hice amigo de alguien que me gustaba hace mucho la cual llamare Silvia. Con Silvia todo pasó rápido, a los días ya nos besabamos sin ser novios. Pero no le había contado nada a Jessica, porque ella era con quién queria estar. Pasó que le pedí a Jessica que sea mi novia, ella me dijo que se lo iba a pensar.
Pasaron los días y seguí viendome con Silvia, hasta que prácticamente nos hicimos novios. Un día cualquiera, Jessica me habla y me dice que SI queria tener algo conmigo, entonces yo la rechacé por Silvia.
De igual forma seguia hablando con Jessica, y transcurrieron semanas y Silvia se estaba enamorando de mí, en realidad me trataba muy bien y fue la primer chica que me correspondió en mi vida.
Pero arrastrado en lo que sentía por Jessica, corte la relación con Silvia para seguirme conociendo con Jessica. Esto paso durante más de 6 meses, nos conocimos como amigos y nunca nos besabamos. Aunque por lo que hice, todo el mundo hablaba de que habia dejado a una chica por otra.
Me enamoré de Jessica sin ser novios como no tienen idea, le hice muchos regalos y dedicaba tiempo. Al final, un día me llamó y me contó que su ex le habia hablado y que ahora se iba a pensar las cosas, ya que a ella lo queria mucho. Eso me dolió y aún más ver como en un dia cualquier tiro todo prácticamente a la basura y terminó regresando con su ex.

Prácticamente entre en un tipo de depresión de la que creo aún sigo. Lloré mucho por Jessica y a la vez, el arrepentimiento me estaba torturando por dentro. No era la primera vez que dejaba a alguien que me quería por otra persona que no, me sentía fatal y me echaba la culpa de todo.

Quise repararme emocionalmente, disculpandome con las dos chicas a las que le fallé. Les pedí disculpas por lo que hice y quice volver con una de ellas, y la verdad ahora ellas me rechazaron.

Desde entonces, no me ha interesado tener nada con nadie. He tratado sí, conocer a nuevas chicas pero todas me rechazan o solo me han aceptado citas para que les inviten a comer gratis (Luego ni me hablaban).
He llegado al punto de sientirme feo y para nada atractivo, siento que doy asco a las chicas. Tengo 22 años y esta depresión hace que haya abandonado muchas cosas. Ya no tengo el mismo ánimo de antes, cada día trato de superar esto. Pero mi subconsciente me atormenta y solo pienso lo estúpido que fui con las chicas que algún dia me quisieron y yo fui un idiota. Fueron en realidad las dos únicas que me quisieron, todas las anteriores relaciones las pasé mal y siempre acababan por errores mios.
Para colmo, mi mejor amiga solo me buscaba cuando quería que le invite a comer, al cine o cuando necesitaba que le ayude con tareas de la universidad, tardé un tiempo en darme cuenta. Ya que nunca me escribía para preguntarme como estoy ni nada, solo cuando quería algo.
Desde entonces pienso que todo el mundo solo busca aprovecharse mi.

Siento que me quedaré soltero de por vida.
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2019.03.14 16:16 SubotaiKhan Vale la pena permitirse equivocarse en el amor?

Estaba pensando sobre el amor, sobre la cantidad de veces que me negué a invertir en una relación por que lo consideraba una perdida de tiempo hacerlo con X personas. Veo a gente mas grande, casada, con familias formadas, que se pelean constantemente, y no puedo dejar de pensar "mierda, pero porque se juntaron en primer lugar? Salta a la vista que no son compatibles".
Que es lo que termina llevando a personas con personalidades irreconciliables a estar juntos? Es el miedo a quedarse solo? Capaz es la calentura o realmente se enamoraron y apagaron el cerebro cuando lo hicieron.
"Mejor solo que mal acompañado"
Pero como saber si no terminare estando bien acompañado? Tal vez sea cierto que termine siendo infeliz con X persona, pero mientras tanto seré dichoso, y se pueda decir que seré mas feliz estando con alguien que estando solo. Como contabilizo y valoro la felicidad en ambos casos?
Mi primera vez enamorado, recuerdo que tuve muchísimas dudas, y yo pensaba "no, esta chica no es para mí", pero la tipa insistía, y aun enamorado, yo seguía resistiéndome. Cedí, fui feliz, después me rompieron el kokoro, la pase muy mal, pero me termino rompiéndolo por razones que escapaban a mi previsión, jamas pude haber predicho que ella haría X cosa.
Valió la pena?
Cuando no entiendo completamente un concepto, recurro a otros mas familiares para hacer analogías.
En derecho penal, está el concepto de dolo causal: cuando se me juzga el hecho de que yo decidí actuar de determinada manera, sabiendo que existía la enorme posibilidad de que X cosa mala suceda, y actué de todos modos. Ej: correr una picada, aun cuando se que capaz atropello a alguien. En resumen, me la tengo que comer y ser mas precavido. Ser infeliz por una relación es mi culpa por no haber considerado la probabilidad de que eso sucediera.
Que se diferencia esto de cuando votamos a un candidato a la presidencia y nos termina decepcionando? Deberíamos haberlo sabido? O es culpa del candidato que nos sedujo y embauco? O capaz ninguno de los dos sabían que las cosas terminarían siendo mas difícil. Donde esta la responsabilidad? Estoy hablando de Macri o de mi primera novia a este punto? Who knows?
Pero a pesar de todo, podemos decir que las experiencias, tanto negativas como positivas, por mas traumatizantes y secuelas que nos dejen, nos sirven porque nos hacen mas sabios, uno aprende a reconocer mas fácilmente red flags, hasta las mas sutiles. Pero que pasa si el costo es demasiado grande? Y si esta experiencia nos vuelve tan cínicos que terminamos solos y amargados? Que pasa si nos terminamos enamorando fuerte de la persona equivocada y solo después de muchos años de relación y una familia formada, nos damos cuenta de lo equivocados que estábamos?
Puede incluso pasar todo lo contrario si decidimos no apostar a una relación. Puede que esa persona que consideramos incompatibles termina siendo la persona mas indicada para nosotros. Como podemos saberlo?
Jean-Paul Sartre, que a pesar de vivir en una relación abierta con la filosofa Simone de Beauvoir, decía que somos seres condenados a ser libres, pero a ser tan libres que da miedo. Nuestra miseria y felicidad es completamente nuestra culpa, incluso si somos esclavos, siempre tendremos la posibilidad de acabar con esa miseria simplemente suicidándonos. Y cuando hablamos sobre el amor, sobre elegir a alguien, estamos hablando de decirle que no a una cantidad casi ilimitada de personas. Al elegir a una persona, le estamos diciendo que no a los 7 billones de otras personas que hay en el mundo, incluido a Jason Momoa y Scarlett Johansson.
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2018.06.08 14:39 ImViTo Vivir en Caracas es como jugar Buscaminas. Por Ivan Zambrano

Vivir en Caracas es como jugar Buscaminas. Nunca sabes dónde te va a estallar el tablero, la ciudad. Ese día fue en la entrada de José Félix Ribas (Petare), uno de los barrios más peligrosos de una de las ciudades más peligrosas del mundo. Un caucho se le espichó al mototaxista que me estaba llevando al barrio 24 de Marzo, el lugar en el que Chino y Nacho habían grabado el videoclip de “Me voy enamorando”. A diferencia de ellos, yo andaba sin escoltas y sin equipo de producción. Libreta en mano, un bolígrafo terco y un estómago refunfuñando por almuerzo, iba dispuesto a escribir una nota para El Nacional acerca de ese punto ciego de la ciudad que dos estrellas del reggaetón pusieron en el mapa. Ya el barrio 24 de Marzo no solo aparecería en las páginas de sucesos, sino también en las de espectáculos. Eso, si lograba llegar. El hambre se me quitó cuando nos accidentamos en la boca del lobo. Como suele pasar en esos casos de riesgo extremo, yo entré en una calma envidiable para cualquier aprendiz de profesor de yoga de Los Palos Grandes. Mientras el motorizado remendaba el caucho como podía y yo cuadraba cómo llegar a la pauta, se nos paró una Bera vinotinto al lado. Yo confié en que tigre no come tigre y que entre colegas motorizados no se iban a malograr. -¿Para dónde vas, chamo?- me preguntó el tipo cuya mirada no me dejaba adivinar si era héroe o villano. -Al 24 de Marzo, pana- le contesté metido en personaje. -¿Qué hora es?- y ahí dije “este quiere el reloj”. Solo a mí se me ocurría sacar el Casio ese día. En lo que me lo estoy quitando me pone cara de confusión. -No, viejo. Dame la hora para ver si me da chance de llevarte, que tengo que estar a las 2 en Agua Salud. Yo salí de la hipnosis paranoica. -Las 12:45, pana. -Vente, pues. Preferí que nos devolviéramos a la sede de El Nacional y repautar la cita con los vecinos del barrio que iba a entrevistar. Cuando me bajé de la moto y le iba a pagar al tipo, descubrí que el Karma estaba juguetón ese día: se me había caído el efectivo (sí, había efectivo todavía) porque lo cargaba en el bolsillo de atrás. No había terminado de pasar el susto de quedar como un mala paga, cuando el motorizado me dice: -Dame el celular. -¿Cómo? -Que me des el celular- cuando me dispongo a sacar mi S3 Mini del bolsillo, el tipo interrumpe. -El número de celular, pana. Te paso los datos y me transfieres. El Buscaminas no reventó de nuevo ese día y registré a “Armando Mototaxi” (nombre ficticio) en el celular. Desde ese día, Armando siempre está a un “epa” de distancia. Se convirtió en mi mototaxista de confianza, el que me acompañaba a Coche, a Altamira, La Candelaria, El Cafetal, Palo Verde, Mariche y todas las vocales de Caracas. El que me pegó el “mano” y el “beta”. El cómplice con el que recorro desde hace 3 años una ciudad con costras de asfalto, cicatrices y heridas abiertas e infectadas de chavismo. Ser el parrillero de la moto te da cierta paz porque el caos se ve borroso a 120 kilómetros por hora. Las colas fuera del mercado se ven más cortas, los basureros no parecen cafetines de la miseria. Todo te pasa por los lados sin tener que moverte.
La semana pasada la moto Bera vinotinto no estaba estacionada en su puesto. En su lugar había un par de palomas picoteando migajas de pan sobre la acera. Ya eran casi las 9:30 de la mañana y yo todavìa no habìa podido salir a la oficina por estar esperando a Armando, el único mototaxista de la zona que entendía el problema de la escasez de efectivo y aceptaba transferencias en bancarias. “Si es de Banesco a Banesco, yo también la acepto, mano”, me contestó Adonay. ”Pero no te vayas a lacrear. Deposítame antes de las 5:00 pm que voy a ver si completo para comprar unos verdes”. Mototaxistas dolarizados y con poder adquisitivo. Siempre sospeché que se convertirían en los amos de la ciudad. Yo tenía que ir a la oficina, probablemente a ganar en un mes lo que se hace Adonay en un día. El título universitario no pasa por el punto de venta. El moto-santero no había terminado de encender la moto cuando ya yo estaba montado en la parillera. Grave error. Se oyó un frenazo en seco detrás de nosotros y se bajó Armando de la Bera vinotinto. “¿De verdad te vas a ir con él?”, me dijo con dolor y arrechera. La escena parecía de telenovela urbana. Faltaba que dejara caer el casco en cámara lenta y que el sonido del choque contra el asfalto fuera la onomatopeya de su corazón roto. “¿Por qué no me llamaste?”, siguió la pataleta. Los compañeros de la cooperativa estallaron en carcajadas de Radio Rochela con aquel ataque de celos.”Ja weno”, dijeron en coro los motorizados.Yo lo miré con cara de confusión, más una sonrisa de “¿qué-coño-está-pasando?”. No me quise arriesgar. No quería averiguar cómo podría ser la venganza de un mototaxista que se sintió traicionado porque me fui con otro. Pero él tiene que saber que yo no creo en la “motogamia”. Bajé la guardia. -¿Ya comiste? -No, rey. -Toma. De la bolsa de plástico finita y azul saqué una arepa con tortilla de salchichón que hizo mi mamà. Los chalequeadores se quedaron mudos mientras le lambuceaban la arepa a Armando. -Gracias, papi. -Marico, deja de llamarme de distinta forma cada vez que respondes. -Papá, es que no recuerdo tu nombre. -Qué bolas, Armando. Iván. -Ja Weno. Tú no te debes saber mi apellido. -Claro que sì me lo sé. -Seguro me tienes guardado que si “Armando Mototaxi” -Deja la mariquera. Tú me avisas si vamos a darnos los besos, pa’ cepillarme.
Todo era en broma…
-Pa’ que tu veas que no hay culebra, te acepto la arepa como pago y te dejo al frente al Cubo Negro en menos de 5 minutos. -Armando, no vayas a ir corriendo. Que uno te dice que anda apurado y activas el teletransportador de la moto. Uno llega hediondo a gasolina. -JAJAJAJA Yo te presto un perfume de “Dolchegavana” que cargo en el koala si te vienes conmigo, pues. -Plomo-
Estuvo callado todo el camino. El silencio era tan frío como la brisa que te cachetea en plena autopista, lugar favorito para que Armando inicie una conversación y no se le entienda nada. -Voy an dsdjfsjgdf -¿Cómo? -Vferggrhtyh -No te escucho, hay mucho viento.
Por fin, llegamos…
-¿Te busco a las 5:00 de la tarde? -Dale. ¿La carrera de regreso en cuánto sale? -Pa’ tu casa te sale igual en 250. Pero si vas para Campo Claro a comer arepa frita conmigo, te sale gratis. -Te digo que sí de una porque estás involucrando comida.
A las 5 me estaba esperando con sus lentes tipo Ray-ban tapa amarilla y mi casco en la mano. Llegamos al local de arepas fritas (recomendadísimo) .Yo pedí una de carne mechada y él una reina pepeada. -Están burda de buenas esas bichas- le dije. -No tan buena como la arepa que me hizo la suegra- Me soltó.
Yo quedé con el mordisco a mitad de camino.
-Ay, Armando. ¿Tú eres marico? -Viste que no te sabes mi apellido. Yo soy Armando Ramírez*, “Cara e’ curda” ¿te acuerdas?. Yo estudié bachillerato contigo en el Dulce Nombre de Jesús y te chalequeba porque eras burda de pato. - Y ahora el que nada en la laguna eres tú. Muchacho marico- le contestè. -Mano, disculpa los malos ratos. De verdad me ponìa chimbo. No te dije que era yo cuando te hice la primera carrera por eso. Aunque tú me transferiste y ni cuenta de diste. -Tranquilo, Armando.Yo ni me acordaba de eso. ¿Tu familia está clara? -Mano. Yo vivo en casa de mi tía y mi primo es CICPC.¿Tú sabes el beta que revienta en el rancho si se enteran que me gustan los tipos? A los maricos del barrio los tienen a monte. -¿Qué difícil, no? Cargar ese peso, esa doble vida. Yo era igual que tú, solo que yo si era burda de mariquito y se me “notaba”. Y fíjate que tú te la has dado de malo conmigo, porque te rechazabas a ti mismo. -Esta vaina no juega carrito. Yo creía que se me iba a pasar, pero no. ¿No hay tratamiento hormonal o algo para quedarse siendo tipo? -Armando, los maricos también somos tipos. ¿Tú quieres ser mujer?. -No. La pinga. Sería burda de fea. Prefiero quedarme con mi pipí que así cojo más. -¿Y a quién te agarraste tú? -A Orlandito. ¿Tas claro? -¿Orlandito también es gay? -Coño, pero no le digas que lo sapié. -Qué fuerte jajajajaja -Pero ahora voy por un flaco que le gusta comer en Arturo’s.
Le contesté en seco: -Armando. Te lo digo claro. Yo no te meto a ti ni con güevo prestado. Mosca si me estás echando los perros, porque les escondo la Perrarina. -jajajaja qué becerro. ¿Panas, pues? -Panas somos. -Y maricos también. -Verga. Tú más que yo. Definitivamente.
Nos reímos: -Solo te diré que te sinceres lo antes posible. La vida es corta, y en Caracas aún más. -Acá literalmente vivimos como perros. -Y por eso calculamos los años como años de perros.
Durante el viaje se puso intenso. -Qué loco que en realidad se llama Santiago. Yo creì que era mujer. -¿Quién? -Caracas. -¡Ey!¡Más respeto! Santiago de León de Caracas.
Vivir en Caracas es como jugar Buscaminas. Te explotan realidades en la cara cuando menos te lo esperas. Los huecos sigilosos, el asfalto levantado, los semáforos dañados, los postes ciegos, el viento hediondo a nostalgia, a suspiro de llanero enamorado, la humedad del llanto de una madre en Maiquetía. Caracas, el reino de la empanada de carne mechada y de la arepa frita con hueco. La ciudad marica-homofóbica. La tarima de tierra en la que nació una historia de amor unidireccional frustrada por mí. La Caracas con cara de mujer bonita. La Caracas con la espalda del Ávila. La ciudad transgénero. La aldea que te termina sacando del closet (de todos), una y otra vez.
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